miércoles, 20 de enero de 2016

19/1/16

Casi semana y media de avances bastante positivos en cuanto a la composición. He acabado lo que será el segundo movimiento, un monólogo interior que extiende el poema hasta los 29 versos. Calculo un tercer movimiento que cierre el poema de la misma extensión que el segundo, lo que cumpliría mis predicciones según el esquema que tenía dibujado en la mente. De nuevo ignoro los versos siguientes pero voy dibujando un desenlace adecuado.
Respecto a los sucesos de la semana —escasos por la escasa actividad social que he tenido— no tengo demasiado que contar.
Hablo con Sara A. Palicio sobre el proceso creador de un libro, sobre todo sobre el final de estos. Ambos hemos estado bastante parados después de acabar los nuestros. Copio un fragmento de los diarios de Lorenzo Roal hablando sobre el tema conductor de los libros de poemas:

«Escucho a Constantino [...] hablar de que los libros de poemas cobran para él mucho más sentido si existe una unión, un hilo conductor entre todos los poemas y que, por eso, un poema sacado de un libro –por ejemplo, para incluirlo en una antología– pierde todos los matices que le da el contexto del poemario. Mi yo interior coincide en parte con esa idea.»

Creo que el hilo conductor del que habla, ese leitmotive que une el libro proviene de una crisis —entendiéndolo como un cambio, sea positivo o negativo— en el poeta, en mi caso, mi libro, proviene de la crisis de madurez. Una vez acabado el libro la crisis debe resolverse, y desde luego el libro no debería acabar si no se ha dicho todo lo que tenía que decirse.
Sin embargo creo que cada poema tiene que ser independiente del resto, que lo que une a los poemas sea el libro, el periodo en que fueron escritos, ese leitmotive que los impregna, pero desde luego no creo que éstos deban tener dependencia unos de otros.
Independientemente de las opiniones hablar con Sara, cuyos últimos poemas me parecen una evolución muy interesante, me ha colocado en la situación de enfrentarme al papel con ánimo de escribir nuevos versos.

Reproduzco el poema entero hasta donde llevo escrito actualmente

Tras esta tarde fresca de noviembre
sobre el obsceno murmurar urbano
de ruido y furia en que la luna vela,
se escucha deslizar su manto frío
-en las afueras- el clamor de música
salido de los árboles.
Sobre la bóveda celeste se alza
la mano ante la luz horizontal,
bruñida, descompuesta, avanzando
-como la muerte súbita- hacia el límite
lejano de la urbe.


Y me preguntas -me pregunto- cuándo
fue el ahora presente y no pasado,
si hace ahora un instante
rasgando con los dedos esa luz
tú eras presente y yo futuro ignoto.
Así pasa la vida.
Uno empieza a dudar si volverán
los tiempos de la infancia.
Y la sonrisa ¿la recuerdas? breve-
-mente encerrada en un recuerdo usado.

Tú vuelves siempre, vuelves al hogar,
la lluvia a cuestas, la mirada firme
sobre la geometría de las calles
para entender noche tras noche, cuerpo
tras cuerpo, que son más cuerpos que aquellos
que a ti te gustaría admitir;
y en realidad son menos -muchos menos-
de los que sin embargo has admitido.

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